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Los santos de palo son esculturas, generalmente de formato pequeño, que representan seres celestiales procedentes de la tradición Católica. Dichas tradiciones datan de la época colonial española en Puerto Rico durante la que se da el mestizaje racial y cultural, resultando en la creación de la nacionalidad puertorriqueña.

Estas tallas se producían para ser colocadas en altares domésticos donde los familiares devotos los veneraban. Por lo general, se trata de imágenes de tamaño pequeño, talladas con herramientas rústicas y pintadas con materiales simples.

Nicho de Rosario con Santos, 1937. Foto de Edwin Rosskam tomada para la Administración Federal de Seguridad Agrícola (Farm Security Administration), Colección del Instituto Smithsoniano  

 

La talla de santos de Puerto Rico ocupa un lugar singular en la rica diversidad de imaginería popular que registra la historia de los pueblos. La tradición de los santos de palo se destaca: por la gran variedad de estilos artísticos practicados, por la creatividad e ingeniosidad de los artistas talladores, verdaderos maestros en el uso de símbolos para comunicar su visión y experiencia religiosa personal, por la sorprendente cantidad de santos tallados y por la inventiva y originalidad de los talladores quienes al interpretar estilísticamente las imágenes de veneración crearon versiones autóctonas exclusivas de Puerto Rico como la Virgen de Hormigueros, las Tres Marías y la Virgen de los Reyes, entre otros.

Cantando Rosarios, 1942. Foto de Edwin Rosskam tomada para la Administración Federal de Seguridad Agrícola (Farm Security Administration), Colección del Instituto Smithsoniano  
 


 

En los antiguos hogares de los jíbaros o campesinos puertorriqueños, a menudo alejados de las iglesias parroquiales, se construían altares en los que se colocaba una o varias tallas para cumplir con las prácticas devocionales. A los santos se les ofrecían plegarias por la salud, la protección y la prosperidad de la familia y se les consideraba capaces de proteger contra ciertas enfermedades y situaciones. Por tal razón se les considera santos patronos de ciertas enfermedades y protectores de ciertas situaciones. Al rogar por intervención divina, el devoto ejercía su fe para encontrar alivio a sus penurias físicas y espirituales, y hacía promesa al santo de corresponderle con una acción que le añadiera gloria en la tierra.
Nicho de Reyes en Guánica, 1942. Foto de Jack Delano tomada para la Administración Federal de Seguridad Agrícola (Farm Security Administration), Colección del Instituto Smithsoniano  
Si el ruego del devoto era respondido, éste debía agradecerle honrando su palabra y cumplir con la promesa de realizar un acto de agradecimiento que podía ser privado o público, dependiendo de la magnitud del milagro y de los medios del devoto. Entre las promesas públicas se encuentra la celebración del día del santo según el Santoral católico, vestir hábito asociado a la orden religiosa del santo, invitar a los vecinos 'y familiares a rezar el rosario cantado y otras expresiones o manifestaciones devocionales. A menudo el pago de la promesa se pagaba con un rosario cantado que requería la contratación de cantantes y músicos para que acompañaran al devoto. Esta práctica de incluir rezos cantados como pago de promesas a los santos se conoce como la tradición folclórica del rosario cantado, los que también se cantan en las celebraciones de las Fiestas de la Santa Cruz, durante el mes de mayo de cada año.
   
A menudo los altares caseros se encontraban repletos de “milagros” o exvotos que eran ofrendas hechas al santo de la familia por asistir en la curación de algún padecimiento. El exvoto ofrecido consistía de un pequeño objeto en metal, cera o madera que representa el órgano del cuerpo que debía sanar o la situación o milagro que se pedía. Es común encontrar estos pequeños objetos representando partes de la figura humana o de animales de la finca (caballos, vacas, gallos, etc.) colocados junto al santo en un “nicho” o caja de madera construida con este propósito.
Nicho de Reyes en Guánica, 1942. Foto de Jack Delano tomada para la Administración Federal de Seguridad Agrícola (Farm Security Administration), Colección del Instituto Smithsoniano  
A los santos se les talla, casi siempre, con atributos u objetos que los distinguen. San Antonio de Padua viste con hábito franciscano y sostiene una Biblia y, sobre ella, al Niño Jesús. En la talla de Santa Bárbara hay una torre junto a la santa quien sostiene en su mano una penca de palma, símbolo de su martirio además de una torre con tres ventanas. Al Arcángel San Rafael le vemos con un bastón de peregrino en una mano y un pez en la otra. En las tallas de los Tres Reyes Magos, una de las favoritas, éstos llevan estrellas pintadas en sus mantos y regalos para el niño Jesús. Curiosamente, montan caballos en lugar de camellos.
Nicho de Rosario con Santos, 1937. Foto de Edwin Rosskam tomada para la Administración Federal de Seguridad Agrícola (Farm Security Administration), Colección del Instituto Smithsoniano  
Por varios siglos la veneración a los santos en la Isla contó con la celebración colectiva de las fiestas patronales, evento en el que se honraba al santo patrón del pueblo. Durante el día se celebraban actividades que acentuaban la naturaleza religiosa de la conmemoración, mientras que en la noche y fines de semana la celebración se tornaba social e incluía música festiva, baile, comida y bebida. Actualmente, la celebración de la fiesta del santo patrón del pueblo ha perdido popularidad y las fiestas tradicionales en su honor han pasado a ser fiestas de pueblo en cada uno de los municipios. La veneración personal a un santo es un fenómeno cada vez más raro del que quedan pocos vestigios, pero cuando nos queremos referir a una persona que no nos agrada por alguna razón todavía nos referimos a ella con la frase: “no es santo de mi devoción”. 
Procesión religiosa en Maunabo,  1942. Foto de Jack Delano  tomada para la Administración Federal de Seguridad Agrícola
(Farm Security Administration), Colección del Instituto Smithsoniano
 
La veneración religiosa por los santos ha sido sustituida por la admiración y reconocimiento de éstos como objetos de identidad nacional, u objeto de validación cultural. Los santos de palo han sobrevivido como una importante expresión del arte folclórico y de la historia cultural de la Isla, por lo que los encontramos en museos, galerías de arte y en colecciones privadas donde se les valora no como objetos religiosos, sino como objetos de exquisito arte.
Fiesta de Reyes en Río Piedras. Foto de Edwin Rosskam tomada para la Administración Federal de Seguridad Agrícola (Farm Security Administration), Colección del Instituto Smithsoniano