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Trasfondo histórico

Orígenes de la veneración y talla de santos en Puerto Rico

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La práctica de la tradición católica romana de rezar a los santos vino a la Isla con los primeros españoles que desembarcaron en sus playas. Entre los miembros de la expedición colonizadora de 1508 se encontraban sacerdotes que llegaban con la misión de convertir a los indígenas taínos al Catolicismo. Como señala Doreen Colón Camacho, estudiosa de la historia de la talla de santos en Puerto Rico: La religión ofreció la excusa perfecta para justificar la colonización.1

Las imágenes de santos y de seres celestiales fueron un elemento esencial en la evangelización de los habitantes indígenas de la Isla -- los taínos, primero, y luego los africanos que fueron violentamente secuestrados y forzados al régimen de explotación esclavista en las haciendas azucareras. Tratándose de una población en su mayoría analfabeta, la imaginería religiosa adquirió mayor importancia en la tarea de evangelización. Se ha dicho que fueron los primeros religiosos españoles en la Isla quienes enseñaron a los taínos y a los africanos a tallar santos, pero se sabe que los taínos tallaban la piedra, la madera y la concha. De manera que es más probable que inicialmente los convertidos imitaran las imágenes religiosas importadas por el clero católico, tallando imágenes con el conocimiento y la técnica que ya poseían.

Durante los primeros tres siglos de régimen español, la Isla vivió los efectos de las políticas coloniales de España y del desinterés por el comercio con la Isla de los monopolios de Sevilla y Cádiz. Como consecuencia del desamparo oficial, la Isla padeció un grave aislamiento y su población se mantuvo escasa, pobre y dispersa. A estas condiciones se añadía el paso destructivo de huracanes y epidemias y la continua presencia de enfermedades tropicales. Estas condiciones eran desfavorables a la presencia del clero católico y al mantenimiento de la doctrina católica en la población. Pero en lugar de perder su religiosidad, los jíbaros se aferraron a su fe, sólo que de una manera adaptada a sus necesidades y experiencias. Fue en estas circunstancias que evolucionó y floreció la talla de santos de palo en la Isla y que los humildes talladores se volvieron diestros artistas que ponían en juego su creatividad para crear, con las rudimentarias herramientas a su alcance, las imágenes de la veneración campesina. En este contexto, también, la talla de santos representó una función importante en la sociedad campesina de Puerto Rico. En su libro Santos al desnudo, Nitza Mediavilla de Toste indica que:

Aunque de origen muy humilde, y con poca educación formal, este escultor de santos de palo es muy respetado en la comunidad. Todo el mundo lo considera un personaje pintoresco, lo que es de esperarse, ya que el artista y el místico se funden en esta figura.2

El siglo 19 acarreó cambios significativos en la población puertorriqueña. Desde principios de este siglo Puerto Rico recibe el impacto de grandes oleadas migratorias. La primera de éstas se produce cuando los esclavos de la colonia francesa en Haití se sublevan y parte de la población blanca de esa isla busca refugio en nuestras playas. Algo similar ocurre desde 1810 cuando inician las guerras de independencia latinoamericanas y una parte de los desplazados se asila en la Isla. Del otro lado del Atlántico, al concluir las guerras contra Napoleón, llegaron españoles, franceses, corzos, irlandeses, ingleses y alemanes cobijados por la política oficial de España que favorecía la inmigración de personas de la fe católica. Los inmigrantes no sólo contribuyeron a un aumento poblacional sin precedente, sino que también aportaron capitales y tecnologías que estimularon la producción y el comercio. Estas condiciones beneficiaron aún más la talla de santos mediante la incorporación de mejores utensilios, materiales y técnicas en su confección, y la expansión del mercado de objetos religiosos. Al cerrar el siglo 19, la mayoría de los creyentes adquirían las imágenes de su veneración diaria de los artesanos de su pueblo.

El siglo 20 trajo consigo cambios dramáticos en la cultura religiosa de la Isla. En 1898, tras la derrota de España en la Guerra Hispanoamericana, Puerto Rico se convirtió en un territorio de Estados Unidos, condición que prevalece al día de hoy. Hasta esa fecha la Iglesia Católica predominaba en la Isla por ser la religión oficial del estado español y por lo tanto del gobierno colonial de Puerto Rico. Pero el cambio de soberanía hace que la Iglesia Católica pierda el monopolio religioso que mantuvo durante cuatrocientos años y abre espacios al proselitismo de la fe protestante que llega con la nueva soberanía.

Al iniciar el siglo 20, cientos de misioneros protestantes recorrieron la Isla para lograr conversos a la religión dominante en Estados Unidos. El éxito de la campaña de conversión religiosa debilitó la veneración y la talla de santos y muchos santos de palo fueron destruidos. De acuerdo a Doreen Colón Camacho:

A partir del cambio de soberanía (1898), el culto y la talla de santos experimentó una transformación que fluctuó desde el desprecio desatinado de sus funciones religiosas, lo que por algún tiempo significó la destrucción de muchas piezas en las quemas celebradas por los nuevos conversos al protestantismo; hasta llegar a ser, mediante la revalorización, no ya religiosa sino histórica, antropológica, sociológica y artística, un objeto de veneración cultural y de mercadeo.3

Otro factor que en la década de los 40 afectó negativamente la talla de santos de palo fue la introducción de figuras de santos de yeso y plástico, materiales que, en la conciencia social de esos años, se asociaban mejor a la modernidad. Ambos factores: la conversión a la fe protestante de un gran número de puertorriqueños y el comercio de imágenes religiosas de material sintético ocasionaron la desvaloración del arte de la talla de santos que quedó relegado a escasas instancias en las áreas rurales.

En la década de los 50 se inició una época de rescate y promoción de las expresiones culturales autóctonas. Esta nueva política cultural, que se inició como esfuerzo de educación a las comunidades campesinas para integrarlas al proceso político y de recuperación económica, se concretó a partir de la División de Educación a la Comunidad (DIVEDCO) del Departamento de Instrucción Pública. Luego vino el Instituto de Cultura Puertorriqueña con su programa de artes populares que incorporó iniciativas de colección y preservación de tallas de santo y fomentó el arte por medio de exhibiciones, competencias, subsidios y otros. La iniciativa fue seguida por recursos aportados por coleccionistas privados como Teodoro Vidal, cuya valiosa colección de artes populares y tallas de santos de palo es custodiada actualmente por el Smithonian Institute en Washington D.C. en el National Museum of American History y el National Museum of American Art.

La vitalidad y el prestigio que gozan al presente las tallas de santos se debe a estos primeros esfuerzos públicos y privados por conservar y promover este singular arte popular. La dinámica de la supervivencia del arte de la talla de santos de palo impuso una adaptación necesaria, haciendo que el oficio perdiera su valor religioso original y adquiriera, a cambio, gran valor en la cultura secular. Como dice Doreen Colón Camacho:

(…) hoy por hoy, los Santos de Palo se han convertido en un símbolo nacional que supera su contexto religioso para tornarse en un objeto de valor propiamente cultural... En el Santo los puertorriqueños encuentran no sólo un símbolo cultural sino inconscientemente un símbolo que le promueve el recuerdo de un pasado en parte desconocido pero que debe haber sido mejor y más tranquilo.4

En la actualidad los puertorriqueños sienten un gran aprecio por los santos de palo y los consideran una expresión importante de afirmación cultural y una tradición folclórica digna de continuidad. La talla de santos se ha convertido también en un arte de gran atractivo que va más allá de las fronteras isleñas.

En resumen, los santeros de ayer eran talladores de origen humilde que residían en los campos y pueblos de la Isla y cuyo arte se ceñía al comercio o intercambio en su localidad. Estos artistas de pueblo se desarrollaron sin educación formal en las artes y, a menudo, el oficio pasaba de padre a hijo. Los artesanos talladores trabajaban por encargo o viajaban por los barrios vendiendo sus imágenes. Hoy día este reconocido arte autóctono, que fue por mucho tiempo dominado por varones, está hoy representado, también, por muchas mujeres que practican la talla y que realizan importantes contribuciones al arte. Además, la talla de santos trasciende los límites de la Isla y hoy día lo practican tanto autodidactas como artistas con adiestramiento formal en las artes.

 

[1] Doreen M. Colón Camacho, p. 84. 
[2]
Nitza Mediavilla de Toste, p. 14.
[3]
Doreen M. Colón Camacho, p. 93.
[4]
Doreen M. Colón Camacho, p. 138, 139


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Teodoro Vidal
photo cortesía PRFAA

 

 

 


Zoilo Cajigas Sotomayor, Virgen de la Monserrate